Como todas la mañanas de los últimos días tan sólo sonar el despertador mis ojos comienzan a llorar. Mis manos buscan tu hueco en el colchón, en la parte izquierda de la cama, contra la pared (para que no escapases), te buscan aunque saben que no te van a encontrar, que no te encontraran nunca más en esta cama.
Despierto y me dirijo al baño casi sonámbula, porque ahora no siento, sólo padezco la pena de que no vuelvas...
Estoy frente al espejo vestida para ir al trabajo. Llevo puesto ese vestido que tanto te gustaba, con el que te reías porque decías que todo el mundo me miraban y te encantaba que lo hicieran para marcar tu poder... Y ahora ya no me mira nadie cuando lo llevo, porque la verdad es que me miraban porque iba contigo, porque sonería, porque entonces sonería.
Y la gente me pregunta que qué vamos a hacer estas vacaciones y yo en cuanto escucho un plural o me dicen tu nombre lloro, no lo puedo controlar, ni siquiera en el trabajo. Lloro.
Y he perdido peso, tanto tiempo diciendo que me tengo que quitar dos kilos de encima y ahora de golpe me he quitado siete. Ya ves ¡siete!. Y mis padres están preocupados por mi, y Jaime dice que parezca anoréxica. Y hasta Marta me obliga a sentarme en la mesa y no se va hasta que he comido al menos la mitad de lo que hay en el plato. Mis curvas son ahora líneas rectas, pero ahora me da igual, porque no quiero gustar a nadie, si ya no te gusto a ti ¿qué importa el resto del mundo?
Y no sé si voy a ser capaz de salir de esto, porque mi mundo acaba de morir. Vivo en la muerte, y para vivir en ella no sé si es mejor estar muerto.
No, no te preocupes no voy a hacer ninguna tontería, si la hiciera no haría que el peso cayera sobre ti, aun te quiero demasiado para eso. Sé que tengo que seguir. Es como una partida de un videojuego, vas por la fase uno y te queda sólo la última vida, estás tentado a apagar y volver a empezar con todas las vidas, pero ¿y si a partir de ahora sale todo bien? Yo sé que nada puede ser mejor que tenerte, que haberte tenido. Sé que lo nuestro es imposible, sé que no puede ser, sé que no funcionamos, incluso sé que no estoy enamorada y que esto tenía que terminar, pero he puesto tanta ilusión, tanto esfuerzo, tantas lágrimas en esto que no soy capaz de aceptar la derrota, aun cuando estaba inmersa en nuestra cama mucho tiempo antes de que tú la abandonaras...
Sé que no te voy a enviar estas líneas, sólo servirían para hacerte daño y que creyeras que aún quiero intentarlo, pero aunque me duela no tenerte también estoy cansada de tanto esfuerzo que no sirve para nada. Las guardaré para que cuando las lea un día totalmente fría me de cuenta de que una vez al menos sentí.
Ya llego tarde al trabajo, pero da igual, no soy capaz de hacer nada en condiciones y sé que Julia me comprenderá, porque ella estuvo así hacer un año y medio.
Y ahora me queda el camino al trabajo, y recordar cuando tú me acompañabas y tu beso antes de entrar en el edificio. Y que me dijeras moviendo los labios “TE QUIERO”, y ya no me lo vas a volver a decir, y ya nunca me voy a sentir como cuando tú me lo decías. Y ya nada tiene sentido. Y he vuelto a tomar prozac.